REBELDE – CAPÍTULO II – FURIA – RAFAEL LUDICANTI
1.
Ella no dejó que
su rebeldía
se mostrara.
En su imaginación
no había
reglas
y era fundamental
no aparentar
sentir lo
que sentía.
En su indescifrable
autenticidad,
su misterio
no se le escapaba.
2.
Su coño era cada vez
más poderoso.
No había nada
en realidad
más que
su belleza indómita.
Su generosidad
no era más
que una
cuestión de estilo.
3.
El mal la convirtió
en portal de
mentiras
hasta que sus
ojos se abrieron
a la belleza del valor
y el devenir entre
sus piernas
no tocó
el motivo de su amor.
4.
Yo sabía lo que nadie
había aprendido antes.
Lo que no me enseñaron
no hizo diferencia.
Ya no necesitaba
crear lo
que sabía
incluso sin saber
cómo se lo había creado.
5.
La ira y la intemperancia
unidas al amor
hicieron que
el corazón
de aquella joven
se desbordara de furia.
Habría habido
una última
vez en
que la libertad
la volvió loca.
6.
No escucho las voces
de la Misericordia
en el crepúsculo
del infierno.
Sólo el fulgor
rojizo
de dioses
y diosas inmortales
en camino a la
sublimación
de su libido
a través
de transgresiones
orgásmicas prohibidas.
7.
La gárgola tomó vuelo
desde lo alto
de la torre
de la catedral
en la última
madrugada de
la Cuaresma.
Sólo a través de los signos
podemos contemplar
la tez de lo irreal.
8.
Las expectativas
puestas en un porvenir
prometedor
deben
considerar
que el futuro
llegará a tiempo
para poner
a prueba
dichas expectativas.
9.
La magia de la energía
creativa debe
compartirse
por el bien
de la energía
creativa misma.
En el espíritu del
arte descansa
inconscientemente
la única esperanza
de supervivencia
de la civilización.
10.
La culpa inocente
que sentimos
por el dolor
de que el mundo
sea como es
sólo nos
abandona
cuando la realidad
de las sensaciones
de un instante
pasa a representar
el futuro de la esperanza.
11.
La creencia etílica
en la perpetuación
de las cosas bellas
puede,
en efecto,
tener que enfrentarse
al mañana y su crueldad.
Pero era esta creencia etílica
la que tenía razón.
12.
El futuro siempre ha
existido y no
hemos
aprendido
más que a valorar
nuestra propia
satisfacción
como el
esclarecimiento
de los enigmas expresivos
de la colectividad
aleatoria.